
Cuándo queremos ignorar, lo logramos
Cuándo queremos criticar, lo gritamos
Cuándo queremos reclamar, no hay descanso
Cuándo vemos morir... esperamos.
Cartón, chapa y dos clavos
Mirada de algún callejón
Pan duro, agua y una fruta
Que le dio la señora del furgón.
Otra noche que le tapa la cara
Otra luna que le roba al ladrón
Una mano que no llega a tocarlo
Una manta que perdió su colchón.
Miseria mezclada con rabia
Faltas que nunca sabrá
Sonrisas que no salen del alma
Y una madre que no volverá.
Su edad... un misterio escondido
Entre el profundo dolor en sus ojos
El temblor de unas manos rugosas
Y los pasos lentos, mas bien dudosos.
Cuánto quisiera no saber tu destino
Cuánto daría por darte a tiempo respuestas
Si al menos aún vinieras a hacer las preguntas
Si al menos quedaran en tu alma esperanzas.
Qué mas da ignorar tus ojos una vez mas
Y menear con fuerza la cabeza al verte.
Las próximas elecciones quizá te recuerde
Y vote a alguien que se anime a quererte.
Qué mas da ignorar tus ojos una vez mas
Y menear con fuerza la cabeza al verte.
La próxima vuelta quizá ya no estés
Y me duerma sin culpa por no detenerme.
VaneV, Marzo 2003
Quisiera no sumar palabras a lo que ya dijo mi corazón, fue hace tiempo y sin duda me puse a trabajar para cambiarlo… pero falta tanto.
Entre todos hemos dejado que la palabra “ignorancia” se refiera siempre a otros.
Entre todos hemos alimentado la creencia que por saber determinadas cuestiones académicas, por usar la naturaleza a nuestro entero beneficio, por caminar determinados lugares de nuestras ciudades, por aprovechar los diarios y la tele para quejarnos, o por pasar horas encerrados informándonos, no somos ignorantes.
Pero ignoramos CASI todo lo demás. Y ese “casi” es MUCHO.
La IGNORANCIA, asi como la dejadez, el engaño o mas bien el no querer ver, la facilidad de dar vuelta la cara y subirnos de nuevo al tren de “todo lo que tengo que hacer”, y tantas otras actitudes dañinas, lamentablemente ganan terreno fácil si no hay reflexión ni acción. Lamentablemente una mentira queda como verdad hasta que no aparece alguien a decir la CLARA verdad. Es fácil dejar que las cosas difíciles sean problema de OTROS.
Pero el corazón sabe – y con eso nos vamos a dormir a la noche – que el que vio una realidad maltrecha, es el heredero del poder para resolverlo. Nuestro corazón lo sabe, por eso nos atormenta con angustias, cansancio, depresiones, mal humor… y nuestra ignorancia nos lleva a resolver todo eso con pastillitas, en vez de simplemente aceptar que no estamos haciendo lo que nuestro corazón nos dicta: involucrarnos.
“Poder”, ignoramos nuestro poder. Por eso no hacemos nada al respecto de las terribles realidades que vemos. Dejamos que la ignorancia sobre nuestras propias capacidades al final nos limite. Y ese límite justo tiene que ver con nuestra relación con el resto de los seres humanos, y con el resto de la naturaleza. Parecería que solo tenemos poder para hacer lo que queremos, puertas adentro… sin importar todo lo que hayamos sido capaces de VER afuera.
Y al ver quiero decir VER, de verdad… no mirar las cosas con la anestesia de la tele. Cuando vemos el sufrimiento, la miseria, la enfermedad, el abandono, también la contaminación y la mugre que generamos – que son temas complejos – pensamos en quién será el próximo político que OJALA haga algo por todo ESO. O nos acordamos de tal o cuál institución que “menos mal” que existe para ayudar a esta pobre gente…
Y nosotros? Que estamos ahí siendo testigos… nosotros qué?
A veces solo con mostrarle esa realidad a otros hacemos mucho. A veces dando una mano, un abrazo y una sonrisa curamos heridas. Otras veces será necesario involucrarse, preguntar, hablar o bueno… hacer sin palabras, porque muchas veces quienes sufren ya ni siquiera saben que sufren. También necesitan de la anestesia – la ignorancia de su propia realidad – para sobrevivir. Y eso hay que entenderlo así, como suena… con pocas palabras… porque de ahí viene la comprensión de lo siguiente.
A veces actuamos esperando que el otro – sí, el que está sufriendo – se nos tire a los brazos como si fuéramos héroes rescatándolo del dragón. Pero comparemos esta realidad:
... Supongamos que nos viene a visitar alguien del futuro – la fantasía a veces simplifica las explicaciones, pero la explicación queda – y lo invitamos a sentarse para conversar y sacarnos un montón de dudas sobre cómo serán las cosas!! Qué buena oportunidad! Entonces empezamos a preparar algo para tomar y agasajar al hombre del futuro. Pero al abrir la canilla, nuestro invitado se abalanza hacia la grifería para cerrarla, y luego de hacerlo nos sonríe esperando un enorme GRACIAS. Atónitos, nuestra reacción será de desagrado, intentaremos alejarlo, volver a abrir la canilla para preparar el mate mientras fruncimos el entrecejo pensando qué fea actitud la de nuestro invitado.
El hombre del futuro sufrirá al ver correr el agua, y llorará internamente pensando qué ignorante que somos al dejar ir el agua así no mas. Cuidar al extremo el agua seguramente en el futuro será considera al fin, como una bella actitud solidaria.
Pero nuestro invitado conoce una realidad que nosotros aún no queremos - o no podemos - ver. No servirá volver a cerrar la canilla a la fuerza, no servirá tampoco sacarnos la canilla, el hombre del futuro comprenderá que debe hacernos entender lentamente, lo que sucederá si seguimos usando tan mal el agua, entonces aceptará el mate y ansioso se sentará a conocernos para ver como ingresar en nuestro mundo.
Así, cada uno reacciona desde su propia realidad. Hay cosas que será bueno ayudar a cambiar, y otras con las que tendremos que aprender a respetar su origen, lo aprendido hasta ahora, los miedos, los logros. Sabiendo además que nosotros también tenemos preconceptos, miedos, logros… Son realidades diferentes. Cada persona aprendió a sobrevivir en su propio medio, es en la realidad en la que nacimos donde cada uno tuvo que tejer su tela de araña para sentirse vivo, protegido, ocupando un espacio propio, y siendo quién ya es. Nadie es dueño de venir a cambiar los hilos fundamentales que sostienen esa tela de araña. No sirve discriminar pensando “bueno… no quieren /no quiero/ otra cosa”, o mucho peor que “eligieron /elegí/ la realidad en la que viven”, creer que nuestra realidad es la solución para SU realidad!, o pensar que no nos agradecen la ayuda. Mucho peor es creer que simplemente acercando un colchón, algo mas de comida, o dinero, vamos a lograr que cambie realmente otra vida. Lo bueno de ese acercamiento para dar un colchón, comida o dinero… es justamente el ACERCAMIENTO.
Lo que buscamos quienes damos pequeñas cosas, es acercarnos para estar. Para empezar a conversar, para VER la realidad de la otra tela de araña y comprender desde donde quizás abrir una puerta de esperanza, u ofrecer un hilo nuevo que acerque educación, trabajo, o que simplemente reduzca el resentimiento y la resistencia a sentirse parte de una comunidad grande, que no quiere a nadie afuera.
Porque queremos a todos los seres humanos dentro de la misma gran comunidad.
Actuemos en consecuencia. Y nuestro corazón nos permitirá al fin dormir en paz, no por NO ver, sino por usar nuestro poder para involucrarnos.
Vane