jueves, 14 de julio de 2011

El bostezo de un volcán y el despertar de una comunidad


Érase una vez una historia simple.

En un pueblo chico que se pensaba grande, vivían cientos de duendes sin saberse duendes.
De tanto premio y tanta belleza circundante, se olvidaron de las causas, se olvidaron del comienzo.
De tanto brillo se olvidaron de la noche, de tantas flores se olvidaron del hielo, de tanta riqueza se volvieron pobres.
El trabajo cotidiano los volvió ambiciosos, las conversaciones se volvieron toscas, y los líderes se alejaron.
El paisaje se había vuelto secundario, los ideales quedaron para los ermitaños, y los artistas andaban desorientados.
Era ya demasiado autismo… era ya mucha negación, había un olvido profundo! incluso el pueblo se había olvidado lo mas obvio: que sus suelos estaban moldeados por volcanes.
Y así habló la tierra… explotó… suave, apenas un bostezo… pero su poder lo volvió un pueblo chico.

Los hizo sentir a todos como pequeños duendes, las riquezas perdieron sentido, y el vecino comenzó a tener un nombre.
A uno y otro los transformó en amigos.
El paisaje se tiñó parejo, y a los pocos días de tanto extrañarlo se pusieron a mimarlo.
Y ese mimo hizo lo suyo, porque el poder lo tiene el amor y no el olvido.
Caló profundo, llegó a la mesa del domingo.
Cada lágrima fue sostenida por un abrazo.
Se les embarró el frente…
Y se dieron cuenta que habían dejado el jardín de atrás muy descuidado.
Con la arena lastimando sus manos, comprendieron que UNO solo no podía.
Entonces las conversaciones dejaron de ser toscas, el esfuerzo fue triple, los ermitaños se sumaron, los artistas y los líderes renacieron.

Y hoy con sobresaltos, inmaduros y desprolijos, sin experiencia en este sentir comunitario pero con muchas ANSIAS de poder hacerlo:
Se unieron, se miraron, suspiraron para comprenderse
Hay un idioma sin palabras que basta para ponerse hombro a hombro.
Había algo mas profundo en su esencia y esa fuerza los hizo resurgir de las cenizas.
Ese poder les recordó las raíces, les volvió los pies a la tierra, el respeto a cada “duende”.
Y hoy… aún falta tanto…
Pero hace días que duermen profundo, cansados, y se levantan con mas ganas de verse la cara.
Tienen entusiasmo de mezclar nuevas palabras, tienen intenciones de cambiar lo cotidiano.
Cuando caminan por la calle se cruzan… y ven en sus ojos esa luz que los sostiene y los une.
Es difícil, aún están sufriendo, aún hay que hacer mucho en el jardín del fondo, hay que nivelar el suelo y fertilizar la tierra.
Pero cada uno debe hoy decir en voz alta lo que el corazón le murmura, porque eso es lo que quiere oír el que camina a su lado.

Érase una vez una historia simple… que por suerte, dejó de serlo.

Vanesa Vicente
DNI 23.829.203
Foto de jornadas “Bariloche, mi casa” donde hubo 10.000 personas en 2 jornadas limpiando Bariloche. Gentileza Coqui Mackey

He venido con lo olvidado


No he venido a palpitar la vida
Para sumirme en un profundo olvido
Mas bien siento que he nacido
Para traer lo olvidado conmigo.

Las cosas primarias, las básicas
Las que dan escalofríos
La inocencia de reivindicar el amor
La necesidad de tirar lo podrido.

Me acuerdo de un tiempo libre
Que se fue perdiendo en la trenza
De la comodidad, la indiferencia
Del compro y vendo, y nunca decido.

No estoy acá para pedir permiso
Tampoco para esperar halagos
No me duelen las críticas vacías
Me duelen los corazones cerrados.

Me indigna la pasividad emotiva
Me rechaza la observación pasiva
Me enoja la pasiva e inútil mirada
Del que vota para que le roben el alma.

No acepto la comodidad de tu techo
No acepto la seguridad de tu banco
No quiero comer de tu mano envasada
Ni cerrar los ojos para facilitar tu paso.

Tampoco acepto las reglas del juego
Ni una mirada que me esquiva
Te quito la posibilidad de ignorarme
Te presto mis manos para agarrarte

Me había olvidado de la fuerza de mis manos
Me había olvidado del poder de mis sueños
Me había olvidado que soy mucho mas que mi solo nombre
Podría quedarme callada sin acudir a tu encuentro…

Pero no he venido a palpitar la vida
Para sumirme en un profundo olvido
Mas bien siento que he nacido
Para traer lo olvidado conmigo.

Y acá estoy impaciente
Mirándote fijo,
Sacudiéndote fuerte
Sacándote el polvo del olvido.

Vanesa Vicente Junio 2011